Sican Archaeological Project
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ACKNOWLEDGEMENTS: The Sican Archaeological Project since its inception in 1978 has received research grants from the Heinz Family Foundation (1999), National Geographic Society (1981-83, 1985-86, 1989, 1999, 2001), National Science Foundation (1979-81, 1983-84, 1989) Shibusawa Ethnological Foundation (1990-97), Southern Illiniois University (2000), Tokyo Broadcasting System (2006-07), and Wenner-Gren Anthropological Foundation (2001-02). Our indebtedness for their generous support is hereby acknowledged.

Resultados de Investigación del PAS:

Hasta la fecha, el PAS ha llevado a cabo veinticuatro temporadas de trabajo de campo en los más de treinta años excavando en quince sitios de diverso tamaño, período y carácter, principalmente en el área de Batán Grande-Poma. Muchos sitios fueron excavados en el lapso de varias temporadas. Nuestras prospecciones nos han llevado tan lejos como al valle de Piura por el norte y al valle de Jequetepeque por el sur. Seis temporadas fueron dedicadas al trabajo de laboratorio (incluyendo los trabajos de conservación de artefactos). Más de treinta especialistas y cincuenta estudiantes graduados y de pregrado representando diversas disciplinas (e.g., arqueología, historia del arte, química, ingeniería eléctrica, historia, ciencias de los materiales, mineralogía, y antropología física, entre otras) y de diferentes nacionalidades (Cuba, Inglaterra, Alemania, Hungría, Japón, Perú, España y Estados Unidos) han participado en el PAS. Casi cien publicaciones profesionales y catorce tesis (de doctorado, maestría y bachillerato) escritas en inglés, alemán, japonés y español son resultado de nuestro proyecto. A continuación ofrecemos una descripción sumaria de los mayores logros obtenidos por PAS hasta el presente.

A. Cronología regional y paleoambiente

Figure 1: Sican Single-Spout Bottle SeriationEl esfuerzo del PAS por establecer una cronología regional completa se focalizó en una serie de sitios estratificados, particularmente en el sitio de Huaca del Pueblo Batán Grande (HPBG) dentro del moderno pueblo de Batán Grande. Tres temporadas de campo en la HPBG (1979, 1982 y 1983), un montículo aproximadamente cónico (ca. 5 m de altura y 50 m de diámetro), proporcionaron la columna vertebral de dicha cronología. Nuestras excavaciones documentaron más de cuarenta superficies ocupacionales abarcando unos mil quinientos años desde la fase Moche IV (ca. 500 d.C.), incluyendo el período Inka y alcanzando la era moderna. Este sitio no solo presentó una estratigrafía muy clara, sino también numerosos fogones que proporcionaron muestras de carbón de leña y arcilla cocida de buena calidad para datación radiocarbónica y arqueomagnética. De hecho, estas muestras formaron la base de la secuencia maestra arqueomagnética existente para el Perú. La cronología basada en los datos de la HPBG fue contrastada y refinada a través de excavaciones en otros sitios estratificados tales como el Montículo I de Huaca Soledad y el Montículo II de Huaca La Merced, ambos en Poma. Además, el análisis de vasijas funerarias completas y de fragmentos diagnósticos de cerámica, todos recuperados de la HPBG, nos permitió seriar botellas y cuencos hechos a molde, así como vasijas paleteadas (decoradas con paleta) (Cleland y Shimada 1992, 1994, 1998). Como resultado, concluimos que las formas y las proporciones relativas de los golletes, cuerpo y/o base de las botellas Sicán pueden ser usadas para una datación relativa confiable. Cabe anotar que esta es la primera vez que la cerámica paleteada ha sido propiamente seriada. En consecuencia, el muy difundido uso de los motivos figurativos hechos con paleta en la subárea norte de la Costa Norte puede ahora ser fechado con seguridad en Sicán Medio (900-1100 d.C.). En general, puede decirse que hoy, con bastante más de 100 fechados radiocarbónicos y dos docenas de fechados arqueométricos de quince sitios, el área de Batán Grande – Poma es una de las áreas mejor fechadas de Sudamérica.

Como parte de la tarea de reconstruir la cronología regional, el PAS excavó (1979-1982) el Templo de las Columnas (ca. 1100-700 a.C.), una plataforma de dos niveles en forma de U en Huaca Lucía-Chólope en Poma (Shimada 1982, 1986; Shimada et al. 1982). La arquitectura se distinguió también por sus características monumentales, incluyendo una serie de columnas regularmente espaciadas construidas de adobe con ca. 1.2 m de diámetro y una altura original estimada en 4 m. Sin embargo, lo realmente notable fue el enterramiento ritual del edificio. Toda la plataforma, incluyendo las columnas, fue cuidadosa y sistemáticamente enterrada con tres capas sucesivas de arena limpia, las que en conjunto totalizaron un relleno de 8 m de espesor. Evidencia de enterramientos similares de estructuras del mismo período fueron posteriormente reportados para varios sitios costeños al sur del área Sicán (e.g. Samaniego et al. 1985). En Poma, esta tradición local de enterramiento ritual de arquitectura ceremonial claramente persistió hasta el tiempo de la conquista española, aunque ya se había perdido en otras partes de los Andes por el tiempo en que los Wari establecieron su imperio ca. 700-800 d.C.

El examen de unos treinta sitios en Poma reveló la presencia de la ocupación del período Chólope. Nuestra excavación en 1989 de un centro de producción de cerámica del periodo Chólope con numerosos hornos pequeños (estimados en bastante más de cien hornos) localizados en el fondo de un canal abandonado de Poma, indica que la notable importancia religiosa y económica de Poma ya había sido establecida hacia 1000 a.C. Estos hallazgos representan la más antigua y más grande concentración de hornos prehispánicos documentados hasta ahora en el Nuevo Mundo (Shimada 1997a). Una serie de experimentos para replicar la cocción de cerámica fue llevada a cabo en colaboración con alfareros peruanos y la química alemana Ursel Wagner. Los análisis físicos y químicos del recubrimiento de los hornos, de las arcillas locales, y de las muestras de tiestos realizados por Wagner y su equipo en Alemania demostraron que estos hornos de 3000 años de antigüedad estuvieron bien diseñados y fueron muy eficientes (Shimada et al. 1994, 1998; Wagner et al. 1994a, b, 1998). Los resultados de tales análisis nos han permitido reconstruir, por primea vez en la arqueología andina, los detalles de las condiciones y temperaturas de cocción de cerámica prehispánica. Más adelante describiremos un estudio complementario de la producción de alfarería Sicán Medio en el taller multiartesanal de Huaca Sialupe.

En resumen, nuestras prospecciones y excavaciones en numerosos sitios demostraron que la ocupación humana en el área de Poma-Batán Grande data de por lo menos ca. 2000 a.C. Las ocupaciones Sicán estuvieron sobrepuestas a las de culturas más tempranas, tales como Chólope (contemporáneo con Cupisnique), Gallinazo y Mochica (e.g., Shimada 1981, 1990b, 1994a; Shimada y Maguiña 1994).

B. Tecnología y producción artesanal

Uno de los mayores objetivos del PAS durante sus primeros años fue la investigación interdisciplinaria de la tecnología y producción artesanal Sicán. Un rasgo notable del área de Bátan Grande-Poma es la presencia generalizada de restos metalúrgicos, incluyendo impresionantes cantidades de objetos de metal saqueados de entierros locales. El nombre del moderno pueblo de Batán Grande deriva precisamente de los numerosos batanes prehispánicos hallados en las cercanías. Se trata de grandes yunques de piedra usados junto con piedras pesadas llamadas chungos para moler menas y escoria. Durante su prospección de 1978, Shimada identificó un camino antiguo que comunicaba Cerro Huaringa, un área que, se sospechaba, había sido un centro metalúrgico, con la no muy lejana mina prehispánica de Cerro Blanco, y planteó la hipótesis de la presencia de una importante tradición metalúrgica en esta área.

Shimada reconoció tanto la importancia potencial de la producción metalúrgica para el desarrollo de la cultura Sicán como la singular oportunidad de investigación ofrecida por un amplio rango de restos metalúrgicos bien preservados, y se propuso obtener una comprensión "holística" de la metalurgia Sicán. El termino holístico es usado aquí en varios sentidos. Así, implica una reconstrucción de la tecnología y organización de todo el proceso de producción y la definición de los significados y roles de los productos de metal dentro de la cultura, así como de la identidad social y relaciones de la gente involucrada en la extracción de minerales, fundición de metales, y elaboración de objetos de metal (e.g., Shimada 1985, 1994b; Shimada y Wagner 2001, 2007). El estudio ha implicado la investigación de minas, minerales y combustibles, la excavación de talleres de fundición y trabajo de metal, así como la comprensión del uso mundano y ritual de los productos de metal (Merkel et al. 1994). También incluye el examen de las relaciones entre metales preciosos y no preciosos, y entre artefactos hechos de metal y aquellos hechos de otros materiales (Shimada et al. 1999, 2000; Shimada y Griffin 2005). La aproximación holística también ha sido adoptada para hacer uso de arqueometría, experimentación, excavación y etnoarqueología, a fin de lograr una comprensión integral del rango completo de metales y artículos artesanales que fueron producidos y usados.

Las excavaciones en Cerro Huaringa (1979-1983) y los cercanos Cerro Sajino (1983) y HPBG (1982-83) proporcionaron amplia evidencia de la fundición intensiva de cobre arsenical en los inicios de Sicán Medio temprano (ca. 900 d.C.), así como de su persistencia hasta el período de la dominación Chimú e Inka durante los siglos XV y XVI (e.g, Epstein y Shimada 1984; Shimada 1985, 1994b; Shimada et al. 1982, 1983; Shimada y Merkel 1991). Fue evidente que, empezando ca. 900 d.C., el cobre arsenical reemplazó permanentemente al cobre como el metal utilitario en el norte del Perú, inaugurando la "edad del bronce" en toda esta área. Incluso las herramientas de piedra y hueso fueron gradualmente reemplazadas por implementos de bronce. El cobre arsenical tuvo un color plateado amarillento y destacó por su mayor dureza, maleabilidad y facilidad para ser vaciado tal como los bronces de cobre-estaño mejor conocidos. Aunque los metales preciosos tienden a atraer más atención pública, dentro de la historia de la tecnología del Nuevo Mundo, lo que distinguió a la metalurgia Sicán fue la exitosa producción a gran escala de cobre arsenical.

Hasta el presente, el PAS ha excavado cuatro talleres de fundición y tres talleres de elaboración de objetos de metal bien preservados en la región de Lambayeque, además del reconocimiento de campo de media docena de minas prehispánicas y otros sitios de fundición Sicán Medio y Tardío (1100-1400 d.C.) inferidos. Nosotros sospechamos que hay muchos otros sitios metalúrgicos y minas que quedan por ser descubiertos en esta región. De lo dicho creemos que no hubo un centro de fundición o mina "principal", sino más bien que la producción metalúrgica regional dependió de minas y conjuntos de talleres dispersos, cada uno de los últimos equipado con un set de 3 a 5 hornos pequeños de fundición y varios juegos de batán-chungo. Esta eficiente tecnología, sin embargo, no fue suficiente para alcanzar altas temperaturas que permitieran que el metal fundido fuera vaciado en una forma específica o en lingotes homogéneos. Más bien, produjo pedacitos esféricos y heterogéneos de metal llamados prills, los cuales, al ser demasiado pequeños para ser usados directamente, tuvieron que ser refundidos para consolidarlos en lingotes.

Figure 2: Flow DiagramLa información que presentamos aquí fue derivada de una metodología que incluyó análisis paso a paso arqueométricos, experimentos replicativos en campo y laboratorio, y análisis estilísticos, icnográficos y contextuales de los artefactos de metal. Un amplio rango de técnicas analíticas fueron utilizadas (e.g., microscopía de escaneo de electrones, análisis de activación de neutrones, microanálisis exploratorio de electrones, análisis de rayos x de protones inducidos, fluorescencia de rayos x, y difracción de rayos x) (e.g., Bezúr 2003; Gordus y Shimada 1995; Gordus et al. 1996, Merkel et al. 1994; Shimada et al. 2000). Los datos obtenidos mediante los análisis mencionados fueron incorporados en el diseño de una serie de experimentos replicativos. A su turno, los análisis de los resultados permitieron el posterior refinamiento de los modelos metalúrgicos. Por ejemplo, con relación a la tecnología de fundición de cobre arsenical, los experimentos de J. Merkel, I. Shimada y Stephen Epstein empezaron con el uso de una réplica a escala natural de un horno de fundición y continuaron con un horno de fundición prehispánico de 600 años de antigüedad pero bien preservado (Shimada y Merkel 1991). Luego se recolectó mineral de óxido de cobre de la mina prehispánica de Cerro Blanco para usarla en todos los experimentos. De esta forma nuestro modelo de la tecnología de fundición Sicán fue verificado.

Por otro lado, nuestras excavaciones de los talleres de fundición de Sicán Medio en la HPBG demostraron que, en sus etapas más tempranas, la fundición Sicán tuvo aparentemente aspectos mágico-religiosos muy similares a la alquimia de la época Medieval en Europa o a la fundición de hierro en África que persiste hasta nuestros días. La construcción de hornos de fundición fue precedida por rituales y ofrendas elaboradas (e.g., fetos de llamas). En el tiempo de abandono, los hornos recibieron nuevamente ofrendas (alimentos en vasijas de cerámica). Esta conducta es entendible porque, después de todo, los procesos de fundición conllevan una metamorfosis de los minerales, desde su estado tal como se les encuentra en la naturaleza hasta una sustancia “nueva”, valiosa y totalmente distinta llamada metal.

Nuestra aproximación holística también aclaró algunos aspectos del debate bastante antiguo acerca de la naturaleza de la carga de fundición (e.i., si se usó minerales de sulfato o no) y la procedencia de los minerales (si fueron locales o importados [sierra]; ver e.g., Lechtman 1976, 1979, 1991). Nuestros análisis de las muestras de minerales obtenidas de los talleres de fundición excavados y las minas locales identificadas, presentaron que los metalurgistas Sicán Medio mezclaron deliberada y directamente malaquita localmente disponible con formas oxidadas de arsenopirita, tal como escoradita, para producir cobre arsenical (Merkel et al. 1994; Shimada y Merkel 1991).

No todos los productos de cobre arsenical fueron herramientas utilitarias. Por ejemplo, los productos incluyen lo que podría haber sido monedas primitivas de tamaño y forma estandarizados, halladas en gran parte del territorio Sicán Medio e incluso en la costa de Ecuador. Se cree que estos objetos fueron usados en el comercio a larga distancia para adquirir bienes exóticos (e.g., conchas de Spondylus y Conus, ámbar, y esmeraldas) de Ecuador y Colombia (e.g., Shimada 1985, 1990b; Shimada et al. 1997). La hipótesis de que la entidad política Sicán Medio produjo y usó estas monedas podría explicar gran parte del poder político y la riqueza económica que inferimos a partir de los bienes funerarios.

En general, nuestra investigación interdisciplinaria y sostenida de la metalurgia de la aleación de cobre en el caso Sicán ha logrado, por primera vez en la arqueología del Nuevo Mundo, una comprensión exhaustiva de una tecnología y producción metalúrgica prehispánica. El entendimiento que hemos alcanzado acerca de la trayectoria de los desarrollos tecnológicos y de su mas amplio impacto social y medioambiental puede ser comparado con aquellos de otras partes del mundo, tales como la transición del bronce de de cobre arsenical al de cobre-estaño-cobre en el Cercano Oriente.

Los artesanos Sicán también fueron diestros en orfebrería y produjeron objetos de metal precioso para diversos usos en una escala sin precedentes. Nuestro esfuerzo orientado a obtener una comprensión holística de la metalurgia Sicán fue ampliado para abarcar estos objetos que son derivados de las tumbas de élite. La metodología desarrollada para el estudio del cobre arsenical fue aplicada a esta nueva tarea. Por ejemplo, para elucidar las relaciones entre la composición de las aleaciones, sus propiedades mecánicas, el equipamiento necesario para este trabajo, y las funciones y simbolismo inferidos de los objetos, fue necesaria la colaboración de Adon Gordus, un químico norteamericano; Jo Ann Griffin, una orfebre y conservadora norteamericana; John F. Merkel, un metalurgo y conservador norteamericano; e I. Shimada.

Los estudios colaborativos (e.g., Gordus y Shimada 1995; Merkel et al. 1994, 1995; Shimada y Griffin 2005) revelaron que: (1) esencialmente los más de 1,000 muestras tomadas de artefactos de metal precioso de las tumbas Este y Oeste de Huaca Loro (ver abajo) son aleaciones de oro, plata, y cobre, en el rango de 18 a 12 kilates; (2) cada tipo de objeto de metal, tal como brazaletes, ornamentos de coronas, y orejeras tuvieron su particular contenido de aleación relativamente consistente en cada caso. Estos estudios han presentado la impresionante sofisticación de los orfebres Sicán en la elaboración de aleaciones. Para manufacturar una amplia variedad de ornamentos y parafernalia ritual, ellos produjeron un rango correspondientemente amplio de aleaciones de cobre-plata-oro. Cada aleación ofreció diferentes propiedades mecánicas, permitiéndoles obtener con efectividad los efectos deseados o superar dificultades específicas en el proceso de manufacturación. Estos estudios también presentan que, en general, la calidad del metal (i.e., proporciones de los metales preciosos) en los objetos Sicán excavados varió de acuerdo a la complejidad, dificultad, y carácter innovador de las técnicas de manufactura empleadas y detalles icnográficos requeridos.

Otra importante tecnología Sicán, la producción de cerámica a base de moldes, fue examinada a través del mismo tipo de investigación, enfatizando siempre la naturaleza sostenida e interdisciplinaria de nuestra aproximación. Además de la ya mencionada cerámica decorada con paleta, la cerámica Sicán Medio se distingue por ser hecha a molde y tener un fino acabado negro debido a una técnica de cocción reductora bien controlada. Aunque la cerámica gris o negra cocida bajo condiciones de reducción ha sido elaborada desde al menos el Horizonte Temprano, en general, las vasijas uniformemente negras no fueron producidas en gran cantidad sino hasta tiempos Sicán Medio. Ha habido la tendencia muy difundida entre los arqueólogos de identificar como Chimú cualquier cerámica prehispánica tardía, cocida en condiciones de reducción, y presente en la costa peruana. Con este problema en mente, U. Wagner, su equipo y Shimada han trabajado para definir la tecnología de cocción reductora Sicán Medio y diferenciar la cerámica negra y gris de Sicán Medio de la de Chimú (Shimada y Wagner 2001). Hasta ahora, esta colaboración ha incluido el análisis de activación de neutrones de tiestos Sicán Medio y Chimú para la caracterización química de sus pastas, la aplicación de espectroscopía Mössbauer para definir condiciones de cocción y temperaturas, una serie de experimentos de cocción para replicar los procesos de cocción original y poner a prueba nuestros modelos, y la excavación de un taller Sicán Medio de cerámica y metal. Esto último fue llevado a cabo durante los veranos de 1999 y 2001 en el sitio de Huaca Sialupe al noroeste del pueblo de Lambayeque y a 22 km al suroeste de la capital Sicán en Poma.

Nuestra investigación en el taller de Huaca Sialupe proporciona un buen ejemplo de lo que Shimada denomina un ”estudio holístico de la producción artesanal” (ver arriba; Shimada y Wagner 2007), pues nos permite elucidar tanto las dimensiones materiales como humanas de gran parte del proceso de producción de cerámica fina Sicán Medio hecha a molde (particularmente la famosa alfarería negra) y, en un menor grado, el proceso de trabajo de metal de aleación de oro y cobre. Además, a diferencia de estudios arqueológicos pasados centrados en la producción de un sólo tipo de actividad artesanal sin considerar cómo ésta se relaciona a otras actividades artesanales, nuestra investigación se focalizó en procesos productivos multiartesanales y en la interacción multiartesanal dentro de un taller complejo. Nuestro estudio en Huaca Sialupe también sirvió para examinar la producción artesanal desde la perspectiva de la economía política, que en su aproximación procesal a la producción tiende a sobreenfatizar las necesidades y preferencias de los promotores o consumidores de élite sin la debida atención al rol de los artesanos.

Figure 3: Ceramic Molds from the Huaca Sialupe WorkshopEl sitio de Huaca Sialupe consiste de cinco montículos pequeños y bajos (I-V) que juntos cubren un área aproximadamente rectangular de ca. 250 m x 400 m. Nuestras excavaciones se focalizaron en los Montículos I y II. Los desechos de producción de cerámica, notablemente moldes de cerámica rotos y cerámica negra diagnóstica de formas y/o decoración Sicán Medio, estuvieron concentrados en el Montículo I (ca. 70 m de lado a lado y 6 m de altura). Nuestras excavaciones expusieron 480 m2 (16 x 30 m) y 115 m2 (10 x 11.5 m) de área continua del taller en los Montículos I y II, respectivamente. En conjunto, estas cifras representan ca. 40% de los restos preservados del taller. Si bien identificamos muchas remodelaciones pequeñas, el taller tuvo al menos dos grandes remodelaciones desde su establecimiento ca. 950 d.C. La ocupación Sicán Medio presentó tres fases. La fase intermedia llamada fase “B” es la mejor conocida e incluye la ocupación inmediatamente anterior a y coetánea con un severo evento El Niño (lo que ha sido llamado la “inundación Naymlap”) fechado ca. 1050 d.C. Las lluvias torrenciales asociadas no solamente dañaron las construcciones de quincha (paredes de caña con recubrimiento de barro), sino que también parecen haber ocasionado el abandono temporal del taller. Una amplia variedad de artículos relacionados con la producción fue dejada en el piso.

La evidencia indica claramente que durante gran parte de, sino todo, el lapso de ocupación Sicán Medio, el taller fue destinado a la producción de vasijas de cerámica moldeada y, quizás en menor medida, a la producción de aleaciones de cobre arsenical y oro.

Figure 4: Middle Sican Mold-made Ceramic ProductionEl sector central del taller contuvo una serie de cuartos para cuatro funciones principales: (1) la formación, acabado, quizás secado, y almacenamiento de vasijas de cerámica en los cuartos del lado oeste, (2-3) el recorte, formación y ensamblaje de objetos de metal pequeños, así como la elaboración de moldes para appliqué y otras piezas ornamentales pequeñas, en un cuarto del lado este, y (4) un área de reunión con el o los supervisores y/o espacios de descanso en cada cuarto. Esta caracterización esta basada en la distribución diferencial de diversas herramientas y desechos de trabajo de metal y de producción de cerámica, incluyendo bolas de arcilla preparada, bolas de hematita usada (pigmentos), platos de alfarero, alisadores-desbastadores (hechos de tiestos), dos agrupaciones de vasijas no cocidas, 100 “modelos” o “positivos” (de los cuales se hacen múltiples moldes) y más de 2000 moldes completos o fragmentados. Las formas de las vasijas representadas en los moldes recuperados concuerdan bien con los más de 25,000 restos descartados de cerámica. En general predominan las vasijas decoradas relativamente pequeñas, especialmente botellas de asa estribo con uno o dos golletes, cántaros cara gollete, cantimploras, y cuencos hondos o poco hondos (Taylor 2002; Rospigliosi 2007).

La producción de cerámica de la Fase B en el taller de Sialupe tuvo una organización “modular” de producción. Esto quiere decir que incluyó artesanos o grupos de artesanos definidamente autónomos, todos ellos trabajando juntos pero cada uno preservando su independencia del resto, lo cual les permitió producir un rango de productos similares o esencialmente idénticos. Los mismos artesanos fueron incluidos en gran parte sino en todo el proceso de producción.

Los hornos de recalentamiento hallados en los cuartos de las fases A y B estuvieron asociados con viruta de aleaciones de cobre arsenical y oro, metal liquido derramado, escoria refundida, y moldes de lingotes, entre otros restos de producción, lo que sugiere que los hornos de recalentamiento fueron utilizados para formar lingotes, fundir viruta para reciclarla, y llevar a cabo ciclos repetidos de calentamiento y forjado para hacer láminas de metal (Shimada et al. 2003a, in press). Evidencia de corte de láminas y formado de láminas de metal, tales como cinceles y viruta metálica, así como agujas y una cuchara junto con su modelo de cerámica, estuvieron concentrados en cuartos adyacentes fácilmente accesibles. Hornos de recalentamiento con chimeneas altamente eficientes fueron ingeniosamente hechos en el Montículo II usando urnas de cerámica invertidas. Detalles de estos hornos son discutidos en otra parte (Shimada y Wagner 2001, 2007; Shimada et al. in press). En esencia, el ingreso de aire a través de un orificio circular de 8-9 cm de diámetro en el cuerpo, cerca del nivel del piso y de cara al viento predominante, habría atizado el carbón de leña depositado dentro y creado calor para una variedad de tareas de metalistería, una hipótesis bien sustentada por nuestros experimentos replicativos de campo (Shimada et al. 2003a).

La interacción multiartesanal documentada en Sialupe no es una sorpresa dado que la producción de cerámica y metal tienen pirotecnologías y requerimientos de combustible similares. El trabajo del metal en Sialupe empleó un amplio rango de productos de cerámica, incluyendo moldes de lingotes, tuyeres (boquillas de cerámica insertados a los tubos para soplar), crisoles, y urnas para hornos de recalentamiento. Nuestro estudio sugiere que la interacción artesanal cerámica-metal abarcó también los aspectos estilísticos y simbólicos. Debe recordarse que las vasijas negras Sicán Medio tienen frecuentemente un distintivo brillo metálico. La microscopía de escaneo de electrones y espectroscopía Mossbauer han revelado que este brillo fue creado por cristales de grafito, los cuales se formaron en la superficie de las vasijas bien bruñidas por la exposición prolongada de carbón a temperaturas de ca. 900°C o más altas bajo condiciones de reducción (Shimada y Wagner 2001; Shimada et al. 2003b). Nosotros sugerimos que este brillo refleja un esfuerzo para emular los efectos visuales de los objetos prestigiosos de metal.

El estudio paleoetnobotánico de los restos de combustible provenientes de los hornos de cerámica y los hornos de recalentamiento para metal realizado por David J. Goldstein (2007; Goldstein y Shimada 2007) reveló una forma de interacción multiartesanal tan importante como inesperada. El combustible que no llegó a consumirse, y que fue hallado dentro de los hornos de cerámica, fue leña de madera dura, básicamente algarrobo, Prosopis pallida, una especia rica en resina. En cambio, en los hornos de recalentamiento para el trabajo de metal, los restos de combustible consistieron en una mezcla de carbón de madera dura con desechos o combustible de baja calidad (e.g., tusas de maíz, cañas, y ramitas). Ya que nuestros experimentos del año 2000 cociendo cerámica negra (cocción reductora) produjo cantidades sustanciales de carbón de madera dura de algarrobo no consumida hacia el final de la cocción, Goldstein sugiere que en tiempos Sicán el carbón de leña de los hornos de cerámica fue reciclado para su uso en los hornos de recalentamiento de trabajo de metal. Así, en contraposición a lo que se esperaría si nos basáramos en el modelo económico político de la producción artesanal, que predeciría que el estado Sicán Medio o las élites promotoras determinaron el combustible a ser usado, o que el tipo de combustible dependió del valor diferencial de los productos esperados, nuestra investigación sugiere que la “elección” y la repartición de los diferentes combustibles estuvieron basados en diferentes necesidades funcionales, y que tales decisiones recayeron en los propios ceramistas y artesanos del metal. Estos grupos de artesanos que trabajaron cercanamente unos con otros, probablemente negociaron y acordaron qué tipo de combustible usar, de manera que se habrían regido por el consenso más bien que por la competencia por un tipo de combustible particular.

El carácter semiautónomo de los artesanos de Sialupe también queda indicado por la considerable variabilidad estilística y técnica de los modelos para hacer los moldes de cerámica, los moldes y los productos mismos, aún cuando tanto los moldes como las vasijas resultantes fueron hechos con una pasta altamente homogénea derivada de la arcilla local. Algunas formas de vasijas, tales como las populares botellas de uno o dos golletes, fueron hechas usando dos a cuatro pares de moldes. Incluso vasijas aparentemente simples, como por ejemplo los cuencos poco profundos con base anular, fueron formadas en al menos tres maneras diferentes. Los detalles estilísticos muestran un grado similar de variación, tal es el caso observado en la ejecución del ícono más diagnóstico de Sicán, la Deidad Sicán, y en la forma y/o decoración de las asas estribo de las botellas.

Las diversas publicaciones citadas en este texto dan cuenta de otros hallazgos y conclusiones importantes de nuestra investigación en el taller multiartesanal de Huaca Sialupe.

C. El sitio de Sicán y la arquitectura monumental

Figure 5: Reconstructed View of the Site of Sicán Nuestra investigación de la organización y funciones del sitio de Sicán, el inferido centro político y religioso Sicán Medio, empezó de manera más sistemática en 1985. El sitio tiene un área en forma de T, casi 1 km de norte a sur y 1.6 km de este a oeste, abarcando una docena de montículos monumentales construidos a base de plataformas y una gran plaza (la “Gran Plaza”). Cerca del centro de esta área en forma de T se encuentra una Huaca (lugar u objeto sagrado) consistente en un afloramiento rocoso puntiagudo de cuarzita con surcos pulidos que descienden por sus lados. De manera interesante, la docena de montículos y la huaca en conjunto delinean un gigantesco tumi (un cuchillo en forma de T con la hoja creciente y el mango rectangular).

Figure 6: The Inferred Tumi-Shaped Organization of the Site of SicánNuestras excavaciones en la cima y alrededor de las bases de los montículos monumentales de adobe indican que estos edificios fueron construidos con propósito ceremonial dentro del lapso relativamente corto de ca. 900-1000 d.C. Algunos de los montículos (e.g., Huaca El Corte y Huaca El Moscón) tienen sólo 7 a 12 metros de altura, y tienen forma de T con una rampa ancha localizada al centro que da acceso directo a la cima alargada. Otros son mucho más grandes y tienen una forma de pirámide truncada, con bases de ca. 100 metros de lado y ca. 25 a 35 metros de altura (e.g., Huaca Loro y Huaca Rodillona).

Todos los montículos tuvieron cerca estructuras auxiliares, incluyendo lo que parece haber sido infraestructura para almacenamiento en el lado sur de Huaca El Corte, y talleres de metal en el caso de las huacas Las Ventanas y Loro. Se cree que los complejos de cuartos de adobe en el lado sur de Huaca Las Ventanas fueron residencias de élite. Los complejos arquitectónicos en forma de U de las Huacas El Corte y Las Ventanas están perfectamente alineados formando en conjunto el eje este-oeste del sitio de Sicán. Ambos montículos presentan dos grandes fases de construcción y probablemente fueron construidos a la par. Las construcciones de la primera fase representan algunas de las construcciones monumentales más tempranas del período Sicán Medio. Los montículos de Huaca Loro y Huaca La Merced formaron el eje norte-sur del sitio. Las estructuras piramidales truncadas de Huaca Rodillona y Huaca Soltillo (o Santillo) yacen más al noroeste de la intersección de los ejes descritos arriba.

Las excavaciones en la cima de los montículos en Sicán han demostrado su función ceremonial. Todos tuvieron una terraza gradualmente ascendente que se extiende desde afuera; así como una impresionante sala con docenas de cientos de columnas pintadas, regularmente espaciadas y con paredes perimetrales decoradas con murales polícromos de imágenes religiosas. Las bases de estas columnas contuvieron entierros de individuos sacrificados y otras ofrendas. En el caso de Huaca Rodillona estimamos que unas 300 mujeres jóvenes fueron sacrificadas.

Nuestras excavaciones presentaron que el grueso del volumen de los montículos monumentales fue logrado mediante la superposición de emparrillados de cámaras contiguas de adobe, todas ellas rellenadas con una gran variedad de materiales (e.g., arena, excremento de llama, tiestos de cerámica, desechos de metalurgia, etc.). Cada cámara fue construida con adobes hechos a molde de diferente tamaño, forma, color, textura de arcilla, y con marcas estampadas o incisas. El análisis sistemático de los adobes marcados y de las técnicas de construcción ha presentado que la edificación de las pirámides Sicán Medio requirió una fuerza de trabajo continua y unificada, lo que contrasta con las anterior práctica Moche (aka Mochica) de construir añadiendo secciones arquitectónicas a cargo de grupos de trabajo independientes (Cavallaro y Shimada 1988; Shimada 1990b, 1997b; Shimada y Cavallaro 1986). Se cree que estos adobes marcados (más de 220 marcas distintas documentadas) identificaron a los promotores/auspiciadores de los templos o de otras estructuras públicas más bien que a los adoberos mismos.

Las excavaciones en la Gran Plaza en el centro del sitio (1985, 1990, y 1997) revelaron varios fogones grandes para fiestas y pequeñas plataformas para actividades rituales, así como pilas de adobes presumiblemente para ser usados en eventuales reparaciones y nuevas construcciones. La abundancia de platos de servir y restos de alimentos asociados con las cocinas en la plaza, sugiere que las ocasiones para fiestas pudieron ser los enterramientos de los personajes de élite fallecidos (Montenegro y Shimada 1998). En general, en su tiempo la capital religiosa y política de la cultura Sicán Medio tuvo una agregación de templos monumentales y estructuras formales asociadas sin paralelo en la costa peruana, eclipsando incluso a Pachacamac. Si embargo, la capital no fue un centro de población. El sitio con sus templos, almacenes, residencias de élite y talleres de metal adjuntos, altares y tumbas fue un lugar sagrado y parece haber tenido un número relativamente pequeño de residentes de élite y subalternos. Los asentamientos para las masas se encuentran rodeando el perímetro del sitio y a lo largo de las márgenes del valle.

D. Prácticas mortuorias, organización socio-política y religión

El PAS inició sus esfuerzos para esclarecer la organización social y religión Sicán en 1990, mediante una larga temporada de trabajo de seis meses. La elaborada y rígida diferenciación social en esta cultura ha sido inferida a partir de varias representaciones artísticas, por ejemplo, de un individuo muy ataviado sobre una litera cargada por hombres vistiendo prendas sencillas. Similarmente, la importancia de una religión organizada ha sido sugerida por la presencia ubicua y al parecer invariable del ícono de la Deidad Sicán. Estas inferencias esperan futura evaluación y elaboración.

La estrategia básica adoptada fue un análisis interdisciplinario de los entierros y prácticas mortuorias Sicán. Esta reconstrucción es difícil porque a menudo los entierros excavados no representan fielmente toda la población prehistórica bajo estudio, sino sólo una parte de ella. Frecuentemente los entierros no reflejan tampoco el tamaño real de algunos segmentos sociales, en parte debido a que son saqueados por los huaqueros, tal como especialmente ocurre con las “tumbas de élite” con objetos “valiosos”. Sin embargo, con la confianza de obtener una muestra de entierros representativa de gran parte del espectro social Sicán Medio, el PAS empezó la excavación de tumbas en el sitio de Sicán. Gracias al estudio de miles de tumbas saqueadas documentadas durante los años anteriores, contábamos con información útil para localizar tumbas intactas (e.g., Shimada 1981; Carcedo y Shimada 1985). Hacia fines de la temporada de seis meses de 1995-6, el proyecto había excavado 14 tumbas Sicán Medio bien fechadas conteniendo 43 individuos de diferentes roles y estatus social, incluyendo miembros de la más alta nobleza.

La prolongada excavación de nueve meses (1991-92) de dos importantes tumbas de élite en Huaca Las Ventanas y Huaca Loro, constituyó la primera documentación científica de tumbas Sicán Medio de muy alto rango (e.g., Shimada 1995, 1997c; Shimada y Montenegro 1993). La primera tumba estuvo localizada en un área de arena compactada debajo del ala sur del complejo arquitectónico en forma de U de Huaca Las Ventanas. La segunda fue hallada en la esquina este de la unión formada por una plataforma larga de adobes de 150 m (extendiéndose de norte a sur) y la cara norte de la pirámide truncada de Huaca Loro. Originalmente ambas tumbas habían sido parcialmente expuestas por los huaqueros, quienes habían empleado bulldozers para remover los depósitos y las construcciones de adobe superpuestas. Los huaqueros habían destruido gran parte de la mitad este de la tumba de Las Ventanas, mientras que la napa freática elevada (ca. 10 m debajo de la superficie) les impidió saquear la tumba de Huaca Loro. Durante su prospección de 1978, Shimada halló fragmentos de tumbaga (aleaciones de baja ley de oro, plata y cobre con el cobre siendo predominante) y pintura de cinabrio abandonados por los huaqueros cerca de la tumba de Las Ventanas, y antiguas marcas de herramientas en las paredes del pozo vertical de la tumba de Huaca Loro. Así, Shimada registró la ubicación de lo que parecía eran tumbas de élite muy profundas. Las inundaciones de El Niño de 1983 rellenaron con sedimentos las bocas de las tumbas parcialmente expuestas por los huaqueros, dejándolas naturalmente protegidas para estudio futuro.

La excavación de las grandes tumbas de élite Sicán Medio con su inminente contenido de oro y otros bienes suntuarios no sólo requirió apropiados objetivos de investigación, sino también una cuidadosa planificación de la conservación y almacenamiento de los artefactos especiales, y de la relación entre los planes científicos y las expectativas públicas. Trabajar en el área de Poma con una larga e infame tradición de huaquería requiere informar a la población local de las diferencias cruciales entre el saqueo de entierros y la excavación científica, y del “porqué” y el “cómo” de las excavaciones de tumbas. Desde 1979, Shimada y su equipo ofrecieron cada año charlas públicas en el pueblo de Batan Grande, y ocasionalmente en los pueblos cercanos y Chiclayo, para describir los objetivos, los resultados en curso, y la importancia de su investigación. Dentro de este marco de educación pública, los pobladores locales, incluyendo los profesores de escuela, fueron invitados a nuestras instalaciones de operación y excavaciones. Posteriormente el proyecto financió el combustible para los buses de las escuelas, consiguiendo así que cientos de niños escolares vieran las excavaciones del PAS. De esta forma, el proyecto ha promovido una mejor protección de los sitios arqueológicos locales y la valoración de la rica herencia cultural de la región entre la gente local, particularmente entre los jóvenes.

La integración de arqueólogos peruanos, tanto profesionales como estudiantes, y los trabajos año tras año con los mismos trabajadores locales, también generaron una confianza mutua y una comprensión del trabajo arqueológico. Un acuerdo de largo plazo establecido en 1983 con la Especialidad de Arqueología, Departamento de Humanidades, de la Pontificia Universidad Católica del Perú en Lima, aseguró la participación continua de sus estudiantes avanzados en nuestro proyecto.

Adicionalmente, en anticipación a la diversidad de artefactos que podrían ser obtenidos de las tumbas, fue conformado un equipo de especialistas para permanecer en el sitio durante la excavación, así como para la subsecuente conservación y documentación en laboratorio. Aquellos quienes habían participado en las fases de investigación más temprana del PAS, orientadas a la producción metalúrgica, formaron la base del equipo multidisciplinario. Esta presencia de los especialistas apropiados en el sitio permitió una efectiva documentación, análisis y conservación de artefactos frágiles y/o corroídos tales como telas pintadas, láminas delgadas de tumbaga y restos de plumas. Estos y otros artefactos y su proceso de excavación fueron documentados en dibujos, fotografías y videos.

Otro importante punto a tener en cuenta en la excavación de las tumbas fue la profundidad de la napa freática. A partir del examen de los pozos de huaqueo y de la información publicada de tumbas saqueadas (e.g. Pedersen 1976; Tello 1937a, b, c; Valcarcel 1938) resultaba obvio que tales tumbas localizadas por Shimada serían completamente profundas. Así, fue necesario esperar hasta que la napa freática descendiera a más de 15 m debajo de la superficie.

El plan para excavar las tumbas de élite Sicán Medio había empezado en 1978, pero solo se hizo factible en 1991 con la convergencia de condiciones sociales y físicas favorables, y el generoso apoyo financiero de Shibusawa Ethnological Foundation y Tokyo Broadcasting System. La espera tuvo sus beneficios. Para 1991 el PAS ya tenia un conocimiento bastante completo de la cultura Sicán, incluyendo una cronología detallada, y nuestros trabajadores locales se habían vuelto altamente competentes en la excavación arqueológica. El nivel de la napa freática había bajado hasta ca. 16 metros debajo de la superficie. La población local comprendía la importancia de nuestros objetivos de excavación y proporcionó un decidido apoyo para la implementación del plan. El establecimiento de una relación de colaboración de largo plazo entre el PAS y el Museo de la Nación también fue importante al recibir a nuestro equipo interdisciplinario y proporcionar almacenamiento seguro y amplio, así como facilidades de laboratorio para el trabajo de post-excavación.

La tumba de Huaca Las Ventanas tuvo la forma de una pirámide escalonada invertida (Shimada 1995). Aunque midió 15 metros de lado a nivel de la boca, se redujo a 3 metros cuadrados en el fondo, y tuvo unos 12 metros de profundidad. Los cuatro escalones de la tumba no sólo minimizaron el riesgo de derrumbes durante su construcción original, sino que también sirvieron como espacios para ofrendas tales como telas pintadas, acumulaciones de cuentas, cerámica, cabezas y patas de llamas, y objetos de cobre arsenical y tumbaga. Cerámica, cuentas y objetos de metal adicionales fueron hallados en el fondo de la tumba. Los objetos de oro fueron notoriamente ausentes.

El tamaño y la forma de esta tumba parecen haber dependido básicamente de su matriz de arena. Su gran tamaño fue también una función del número de cuerpos enterrados. Tres cuerpos completos y al menos otros seis disturbados, todos en posición sentada con las piernas cruzadas, fueron recuperados de los bordes del fondo de la tumba. Aquellos cuyo sexo y edad pudo ser estimado correspondieron a mujeres adultas jóvenes. Además de algunas huellas de tela que alguna vez envolvieron sus cuerpos, hubo pocas o ninguna ofrenda directamente asociadas con ellas. No se halló ningún personaje central, lo que sugiere la interesante posibilidad de que la tumba contuvo mujeres tipo acllas quienes fueron sacrificadas y enterradas al mismo tiempo de la muerte de su señor, tal como ha sido descrito por algunas fuentes coloniales tempranas (e.g. Ramírez 1998).

Probablemente, la característica más llamativa de la tumba de la Huaca Las Ventanas es la manera en que gran parte de su superficie interior fue recubierta con capas de telas pintadas de algodón. Cada tela pintada con escenas religiosas polícromas fue embadurnada con arcilla y cuidadosamente pegada a láminas muy finas de tumbaga (Shimada 1995, 1998). Estas pinturas proporcionan nuevas luces acerca de la religión Sicán. Una tela pintada enrollada presentó la Deidad Sicán en una posición central con un cuchillo tumi en una mano y una cabeza trofeo en la otra, flanqueado a cada lado por una serie de olas marinas estilizadas. En los extremos este y oeste de las olas se observan el sol y la luna respectivamente. Otra pintura mostró la Deidad Sicán portando el mismo cuchillo tumi y cabeza trofeo, esta vez parada bajo el cuerpo arqueado de la mítica “serpiente celestial” bicéfala, y flanqueada a cada lado por un par de felinos míticos sentados uno frente al otro. Estas y otras pinturas excavadas en otra tumba en 1995-96 ofrecen una nueva visión del arte y la ideología religiosa Sicán Medio. La iconografía Sicán Medio parece haber resultado de una fusión de conceptos y motivos religiosos Moche y Wari. Al mismo, tiempo la divinidad Sicán parece haber sido omnipotente, controlando todas las fuerzas celestiales y las entidades fundamentales para la vida y la abundancia en la tierra. No se trataría simplemente de una personificación de la luna, como fue sugerido por estudios anteriores (e.g., Carrión Cachot 1940; Kauffmann 1983, 1986, 1992). Por el contrario, nosotros argumentamos que es importante considerar la fuerte posibilidad de que la iconografía Sicán Medio reflejó varias dualidades fundamentales (e.g., muerte-vida, día-noche), así como los roles de los seres supernaturales y terrestres más importantes. Debe recordarse que las versiones anteriores estuvieron basadas en muestras limitadas de imágenes religiosas halladas en objetos huaqueados y excesivamente influenciadas por creencias religiosas costeñas registradas durante la época colonial.

La tumba de Huaca Loro (conocida como la Tumba Este de Huaca Loro) fue en esencia un pozo vertical cuadrado (3 x 3 m) de 12 m de profundidad, con la porción del fondo sirviendo como cámara funeraria (e.g., Shimada 1995, 2006; Shimada et al. 2000, 2004; Shimada y Griffin 2005). Se documentaron siete nichos en las cuatro paredes de la cámara funeraria. La cámara también contuvo cinco individuos (un hombre adulto, dos mujeres jóvenes adultas, y dos jóvenes) y ca. 1.2 toneladas de diversos bienes funerarios, más de dos tercios de los cuales, por peso, fueron objetos de cobre arsenical, tumbaga, y aleación de oro de alta ley. Los objetos funerarios fueron hallados ordenados concéntricamente y superpuestos en capas sobre, alrededor, y debajo del cuerpo de un personaje masculino robusto de unos 40-50 años de edad. Este individuo, que fue hallado sentado pero en posición invertida en el centro de la cámara y sobre el piso recubierto de esteras, vestía su atuendo real completo, incluyendo una gran máscara y un par de orejeras, todos de oro.

La Tumba Este de Huaca Loro

Figure 7: East TombEntre el notable contenido de la cámara funeraria hubo una caja conteniendo al menos 24 capas superpuestas de más de 60 ornamentos grandes y parafernalia ritual (e.g., sonajas, coronas, adornos de corona y vinchas), la mayoría magistralmente elaborados a base de láminas de oro (ca. 10 a 18 kilates). Igualmente impresionante fueron cuatro grandes pilas de viruta metálica de tumbaga con un peso total de ca. 500 kg y una composición promedio de ca. 13% oro, 30% plata, y 57% cobre, sugiriendo que en conjunto la viruta podría contener hasta 65 kg de oro y 150 kg de plata. Otros hallazgos incluyeron 15 paquetes de 489 implementos de cobre arsenical hechos a molde (ca. 200 kg) localizados a lo largo de los bordes de la cámara funeraria. Hacia el centro de la cámara funeraria hubieron dos acumulaciones de conchas de Spondylus princeps y Conus fergusoni extra-grandes cuidadosamente seleccionados (totales de 179 y 141 respectivamente).

Esta tumba confirmó la difundida creencia de que hay una gran riqueza material asociada con las tumbas de élite Sicán Medio. Efectivamente, los hallazgos ilustraron el poder que este señor de la nobleza Sicán Medio tuvo sobre los recursos materiales y humanos. Tal poder puede ser inferido no sólo partir de la impresionante calidad, cantidad, y diversidad de bienes suntuarios y exóticos que lo acompañaron dentro de su tumba, sino también de la fuerza laboral estimada que habría sido requerida para producir y/o adquirir tales bienes. Solo la manufactura de decenas de miles de cuentas de cuarzo, amatista, sodalita, turquesa, fluorita, ágata, ámbar, Spondylus y otros materiales (más de 75 kg en conjunto) habría necesitado una tremenda inversión de trabajo. Los aproximadamente 500 kg de viruta de láminas delgadas de tumbaga uniformemente martilladas (mayormente de 0.05 a 0.1 mm de grosor) hallados en la tumba, fueron, con toda probabilidad, elaborados por muchos artesanos experimentados y sus aprendices durante el curso de varios meses. Los objetos presentando motivos religiosos fueron escasos. Más bien, lo que predominó fueron representaciones repetidas de un Señor Sicán, el alter ego terrestre de la Deidad Sicán. La correspondencia entre la apariencia del personaje principal de la tumba y el Señor Sicán representado en los objetos de oro sugiere que ellos son uno y lo mismo. Para los nobles de alto rango, la glorificación personal podría haber sido una prioridad más importante que la glorificación de la Deidad Sicán misma.

Otra tumba Sicán Medio de élite, llamada Huaca Loro Tumba Oeste (Shimada et al. 2004), fue excavada durante una temporada de trabajo de campo de siete meses entre 1995 y 1996. Nuestras prospecciones con radar de penetración de suelos conducidos en colaboración con el ingeniero japonés Hirokatsu Watanabe, en 1994 y 1995, habían detectado una serie de pozos debajo de los bordes exteriores de la base de la pirámide y en los lados este y oeste de la plataforma alargada de 150 m de Huaca Loro. Nosotros sospechábamos que algunos de estos pozos podrían corresponder a tumbas intactas.

La Tumba Oeste de Huaca Loro

Figure 8: West TombLa Tumba Oeste estuvo simétricamente situada con respecto a la Tumba Este a través del eje longitudinal norte-sur de la plataforma y la pirámide. Considerando su ubicación, su excavación fue llevada a cabo para examinar la hipótesis de que en realidad fue una tumba de pozo, y que ésta y la Tumba Este fueron parte de un cementerio de élite planificado que se extiende debajo y alrededor de la Huaca. La tumba del ancestro fundador del linaje se encontraría en el centro. De esta hipótesis se deriva otra que sostiene que el eje longitudinal norte-sur tuvo el rol simbólico de separar a los miembros fallecidos de moieties complementarios, y que la distancia física entre el centro de la Huaca y una tumba de pozo dada refleja las diferencias generacionales y de estatus.

La excavación reveló que la Tumba Oeste fue construida en dos niveles. La antecámara fue localizada 12 m debajo de la superficie y midió unos 10 m norte-sur por 6 m este-oeste. Contuvo 10 nichos en las paredes y 12 fosas rectangulares en el piso. Situada en el centro de la tumba se hallaba la cámara central, un pozo de 3 x 3 m que descendió otros 3 m, de manera que la tumba como un todo alcanzó 15 m de profundidad. Seis fosas a cada lado de la cámara central (norte y sur) formaron dos grupos simétricamente opuestos. Cada fosa contuvo una o dos mujeres adultas jóvenes con textiles, cerámica y otros restos arqueológicos.

La cámara central parece haber sido reservada para alojar al individuo principal y sus bienes funerarios. Este individuo, un hombre relativamente robusto de ca. 30-35 años con evidencias de haber sufrido una lesión seria en su cadera, fue localizado en el centro de la cámara y sobre el piso recubierto de esteras. Fue hallado en posición sentada y con las piernas cruzadas. El personaje principal y un muchacho joven (12 a 13 años de edad?), que yacía dentro de un nicho en la antecámara de la porción superior de la tumba, se hallaban orientados uno mirando al otro. El personaje principal vestía su atuendo real, incluyendo una gran máscara de tumbaga, tocado de oro y tumbaga, guantes de tumbaga, y pectorales de cuentas de minerales. Asimismo estuvo rodeado por una diversidad de objetos funerarios, entre los que se cuentan 8 cabezas de camélido, patas articuladas de al menos 25 camélidos grandes y pequeños, y cuatro botellas y cántaros de cerámica envueltos con láminas de tumbaga. Aunque no conservadas, la presencia de 9 rollos de tela angosta, de cierta longitud, también quedo en evidencia porque la tierra había adquirido con mucha fidelidad la forma de los rollos, aún cuando las telas en sí ya habían desaparecido. Una mujer adulta joven fue hallada en cada uno de los nichos simétricamente opuestos de las paredes norte y sur de la cámara central, como si ellas hubiesen sido colocadas allí para flanquear al individuo principal. Una caja rectangular conteniendo unas dos docenas de ornamentos hechos predominantemente de láminas de tumbaga fue hallada debajo de la mujer del lado norte. A pesar de su impresionante tamaño (unas siete veces el volumen de la Tumba Este), compleja estructura interna y número de cuerpos (24 en esta tumba, a diferencia de los 5 individuos de la Tumba Este), la cantidad y calidad de los bienes de metal (tanto metal precioso como cobre arsenical) de esta tumba palidece en comparación con aquellos de la Tumba Este.

El ordenamiento espacial de los artefactos y cuerpos humanos en estas tumbas sugiere posible relaciones biológicas, sociales y/o simbólicas entre los individuos enterrados dentro de cada tumba y entre las dos tumbas (Corruccini et al. 2002a, b; Shimada et al. 2004, 2005). Por ejemplo, la localización de dos mujeres adultas cerca del personaje principal ha sido documentada tanto en las Tumba Este como Oeste. En el primer caso, parece que los tres individuos formaron juntos una representación simbólica de la reencarnación del personaje principal. Así, la posición invertida del personaje masculino habría simbolizado su estado fetal poco antes de nacer, mientras que la posición bocabajo de una de las mujeres indicaría que ésta estaría alumbrándolo ayudada por la otra mujer que podría ser identificada como segunda esposa. En esta interpretación, el cinabrio pintado sobre el cuerpo del personaje principal simbolizaría la sangre que da vida y que acompaña al nacimiento.

Nuestra aproximación interdisciplinaria ha sido completamente productiva para develar el significado de la distribución simétrica de los dos grupos de nueve mujeres en los lados norte y sur de la antecámara de la Tumbas Oeste. La hipótesis de que las nueve mujeres del lado sur de la antecámara habrían estado socialmente vinculadas con el personaje principal de la cámara central fue primero sugerida por las fajas de tela que los unían físicamente. Ningún “vinculo” similar fue hallado en la mitad norte de la cámara central. La oposición entre ambos grupos de mujeres también se sustenta en el hecho que en el lado norte prevaleció la presencia de cerámica y textiles pintados de clara filiación estilística e icnográfica mochica.

Nuestra interpretación fue independientemente confirmada por las mediciones y el examen de 23 rasgos dentales hereditarios hechas por el antropólogo físico Robert Corruccini, quien clarificó las relaciones biológicas (i.e., cuán cercanamente estuvieron relacionados los individuos) de los individuos dentro y entre las tumbas Este y Oeste. Por ejemplo, respecto de la Tumba Oeste, Corruccini pudo determinar que el personaje principal guarda mayor semejanza con un muchacho enterrado en uno de los nichos de la misma tumba, mientras que a su turno el muchacho guarda mayor semejanza con las dos mujeres que flanqueaban al personaje principal. El análisis muestra también que aquellas dos mujeres presentan una relación más estrecha con los tres adultos de la Tumba Este. En concordancia con nuestras sospechas, se observa que las nueve mujeres del lado sur (“mujeres del sur”) de la Tumba Oeste son genéticamente muy homogéneas, lo que contrasta con la mayor variabilidad encontrada entre las mujeres del lado norte (“mujeres del norte”). Pensamos que las “mujeres del sur” reflejan una situación endogámica o los miembros de linajes emparentados, mientras que las “mujeres del norte” podrían haber sido personas no relacionadas (quizás no locales) quienes se casaron en un contexto patrilocal.

A fin de afinar nuestra comprensión de las relaciones biológicas y de parentesco entre los individuos excavados, Kenichi Shinoda, un antropólogo físico japonés del Museo Nacional de Ciencia y Naturaleza de Tokio, Japón, y Shimada recolectaron muestras de dientes para análisis de ADN mitocondrial. Los análisis revelaron algunos patrones genéticos significativos (Shimada et al. 2004, 2005, 2006). Quizás el resultado más revelador sea el hallazgo de cuatro niveles de parentesco materno distintos entre las doce mujeres, y la distribución espacial bipartita de los individuos relacionados de la Tumba Oeste. Hay dos subgrupos de parientes por el lado materno dentro de cada uno de los grupos de mujeres del norte y del sur. Las mujeres con el mismo antecedente materno fueron enterradas cerca una de la otra. Asimismo, las mujeres del norte y del sur están caracterizadas por dos sets de haplotipos mutuamente exclusivos. En otras palabras, las agrupaciones de mujeres del norte y del sur tienen una base de parentesco que atraviesa la división antecámara-cámara central.

Figure 9: Kinship RelationshipsEs evidente que la división norte-sur en la Tumba Oeste refleja la concurrencia de dos grupos de individuos diferentes en cuanto a su biología, cultura, estilo de vida y quizás estatus social. La homogeneidad y proximidad biológica relativa de las “mujeres del sur” revelada por los análisis dentales y de DNA mitocondrial sugieren que ellas practicaron la endogamia o que al menos representan alguna clase de grupo de parentesco. En este sentido, la faja de tela que físicamente vinculó a las mujeres del sur con el personaje principal podría haber simbolizado la pertenencia de dichos individuos al mismo linaje. En este punto es importante recordar que, de acuerdo a los registros etnohistóricos, la organización social de la población costeña de los períodos prehispanicos tardíos, estuvo basada en las parcialidades, esto es, en grupos sociales endógamos de indígenas organizados por especialidad ocupacional y moieties asimétricos. Las “mujeres del sur”, junto con los personajes principales de las tumbas Este y Oeste y el resto de individuos de la Tumba Este, gozaron de una vida más saludable que el resto de los individuos de la Trinchera Norte y las “mujeres del norte”. Pero el hecho más significativo para comprender la naturaleza de las “mujeres del norte” es que ellas son biológicamente muy distintas del resto de individuos de nuestra muestra. Teniendo en cuenta que ellas estuvieron consistentemente asociadas con artefactos mochicoides, sugerimos que las “mujeres del norte” representan descendientes Moche que fueron integradas a una sociedad multicultural, quizás siguiendo prácticas patrilocales, que estuvo bajo el dominio político Sicán. La imagen que surge de la constitución multicultural de la sociedad Sicán Medio cuenta con el sustento independiente de los análisis de los artefactos de cerámica de la Tumba Oeste (véase Shimada et al. 2004).

Los hallazgos discutidos, junto con los datos de nuestra prospección con radar de penetración de suelos (GPR), proporcionan un sustento sólido a nuestra hipótesis de las relaciones entre las tumbas de élite halladas debajo y alrededor de la pirámide de Huaca Loro, y ofrecen una nueva perspectiva sobre la función de las estructuras piramidales Sicán Medio (Shimada et al. 2004, 2005). La prospección con radar de penetración de suelos de 1997 y las excavaciones de prueba que le siguieron en Huaca Loro proporcionaron información muy útil para aclarar más el panorama. La última prospección con radar fue hecha en el cuerpo de la pirámide aprovechando los profundos cortes de erosión producidos por las lluvias de El Niño de 1983. Como Shimada había inferido, el radar reveló la presencia de lo que parece ser una estructura compacta de adobes en el centro de la base de la pirámide, y debajo de ésta un pozo profundo que podría alcanzar 10 m de profundidad. Los datos obtenidos mediante una excavación de prueba en la esquina noroeste de la pirámide llevan a concluir que dicho pozo, que nosotros sugerimos sería una tumba de pozo Sicán Medio, tuvo su abertura unos 5 m debajo de la superficie actual, debajo de una gruesa capa de relleno artificial sobre el cual fue construida la pirámide. En 2005, con la colaboración de H. Watanabe, realizamos prospecciones adicionales con el GPR en el área basal oeste del montículo de Huaca Loro y encontramos lo que parece ser un cementerio intacto. La temporada de cinco meses del 2006 fue dedicada a la excavación a gran escala de dicho cementerio. Por el momento, los hallazgos más importantes de aquella temporada se encuentran descritos en el artículo adjunto (documento PDF descargable) que fue presentado en la Reunión Anual de la Sociedad para la Arqueología Americana en Austin, Texas, el año 2007.

En general, los resultados de la investigación interdisciplinaria del Proyecto Arqueológico Sicán señalan que hay efectivamente un cementerio planificado Sicán Medio debajo del cuerpo piramidal de Huaca Loro, que este cementerio estaría organizado alrededor de una posible tumba de pozo central, que las tumbas de pozo circundantes se ubican debajo de los bordes exteriores de la pirámide, y que el cementerio bien podría extenderse hasta incluir ambos lados de la plataforma larga de 150 m de longitud. Lo dicho implica con claridad que la pirámide fue construida después que las tumbas de pozo para sellarlas y protegerlas. Visto en conjunto, parece que la pirámide sirvió como un marcador de sepultura monumental para el ancestro fundador y miembros del linaje gobernante. Al ser enterrados debajo y alrededor del monumento, el mismo que pudo funcionar como una suerte de altar, estos miembros de la sociedad Sicán pudieron recibir continua veneración. La existencia inferida de un plan maestro que guió la construcción de las tumbas de pozo y de la subsecuente pirámide es un argumento sólido para plantear que la sociedad Sicán Medio estuvo caracterizada por el culto de adoración al ancestro, una considerable cohesión social, consistente poder económico y político, y una élite con estatus duradero. En resumen, desde una perspectiva comparativa más amplia, podemos decir que el grado y la escala de planificación evidente en el cementerio y la pirámide de Huaca Loro –y las implicancias sociales y económicas de tal planificación- no habían sido previamente considerados en la arqueología peruana con la excepción de las “plataformas funerarias reales” Chimú.

Debería recordarse que Huaca Loro no es una situación única. En el sitio de Sicán hay otra pirámide monumental, Huaca Santillo (o Soltillo), que tiene un trazo arquitectónico idéntico compuesto de una pirámide truncada con una larga plataforma orientada norte-sur. Una gran tumba de pozo, con una ubicación relativa análoga a la de la Tumba Este de Huaca Loro, fue saqueada en algún momento durante los años sesentas. También existe evidencia de que las pirámides truncadas o montículos a base de plataformas fueron construidos sobre o cerca de tumbas importantes en Huaca El Corte, Rodillona, y Las Ventanas. Basados en la existencia consistente de este tipo de construcciones, creemos justificado caracterizar el sitio de Sicán como una ciudad ceremonial única.

A través del análisis sistemático de las tumbas excavadas, hemos sido capaces de elaborar una caracterización tentativa de la organización social Sicán Medio. El acceso claramente diferenciado a los metales sirve para delinear cuatro niveles de estatus social (Shimada 1994b, 1995; Shimada et al. 2004). El grupo de menor estatus fue enterrado en posición extendida y en fosas simples y poco profundas (menos de 2 m en cualquier dimensión) sin objetos de metal. Los entierros del siguiente grupo en la jerarquía (“comuneros”) fueron los más comunes, y difirieron de los primeros al tener ya sea posición flexionada o extendida y objetos de bronce arsenical. Los dos grupos de mayor estatus (élite “baja” y “alta”) fueron típicamente enterrados en posición sentada en fosas cuadradas o rectangulares de al menos 3 m de profundidad. La élite baja tuvo acceso a objetos de bronce arsenical y tumbaga, mientras que la élite alta se distinguió así misma por su acceso al espectro completo de productos de metal producidos dentro de la sociedad Sicán Medio, desde artículos de bronce arsenical producidos en masa hasta los más exclusivos objetos de oro de alta ley hechos a pedido.

Table 1: Differential Metal Access Model of Middle Sicán Social HierarchyHay otros rasgos de las tumbas, tales como la distribución de diferentes tipos de cuentas, que conducen a una imagen similar de la jerarquía social Sicán Medio. En las tumbas también se observa que el tipo de metal, el contenido iconográfico, el refinamiento estilístico, y las cualidades técnicas y materiales de los artefactos de metal covarían para formar tres grupos distintos (Shimada et al. 2004). La distribución y naturaleza de la producción de diferentes artefactos de cerámica refuerzan la conclusión de que la estratificación social Sicán Medio tuvo cuatro niveles (Cleland y Shimada 1994, 1998). El nivel más bajo en la escala social tuvo solamente vajilla utilitaria llana y vajilla hecha a paleta, el primer, segundo y tercer nivel tuvieron acceso a las vasijas del primer grupo más botellas de un solo gollete hechas a molde, y solamente los dos niveles más altos o grupos de élite tuvieron botellas de doble gollete envueltos con láminas de tumbaga.

El estudio comparativo de las tumbas y entierros revela otros patrones que merecen futura investigación. Como ya hemos dicho, los adultos de cualquier sexo de las dos clases superiores fueron enterrados sentados, con las piernas cruzadas o en posición fuertemente flexionada, mientras que los de la clase más baja fueron enterrados en posición extendida. Sin embargo, los individuos de sectores bajos son hallados completamente extendidos o sentados con las piernas cruzadas. Si la posición del entierro refleja una ideología dada o tradiciones de larga data ampliamente compartidas, la yuxtaposición de dos posiciones de entierro dentro de una misma clase social con ninguna aparente correlación con edad, sexo, o composición de bienes funerarios, bien podría indicar la coexistencia de dos poblaciones étnicas integradas dentro de la sociedad Sicán Medio. Si así fuese, las posiciones sentada o flexionada podrían ser indicativas de la pertenencia al grupo étnico socialmente dominante. En general, las líneas de evidencia discutidas producen una consistente imagen del acceso altamente diferenciado a ciertas clases de bienes materiales y de la rígida jerarquía social en la sociedad Sicán Medio.

Otra futura línea de investigación que emerge del estudio de las prácticas y ajuar mortuorios es la elucidación de la relación entre la cultura Sicán Medio y su contemporánea la cultura Manteño de la costa sur-central de Ecuador. El contacto estrecho entre ambas culturas se desprende no sólo del ya mencionado comercio de conchas de Spondylus y Conus y de la distribución inferida de moneda primitiva, sino también de la presencia de objetos de oro y vasijas de cerámica con motivos Manteño (e.g., “El Monstruo Terrestre”) en las tumbas Este y Oeste de Huaca Loro. También es intrigante notar que la mujer en posición bocabajo de la Tumba Este muestra una posición esencialmente idéntica al de la “Madre Tierra” en el arte contemporáneo Manteño. Futuros estudios de ADN de los entierros de la élite de estas dos culturas podrían eventualmente revelar alianzas por matrimonio o inmigración.

Similarmente, la posible interacción religiosa y económica entre las culturas Sicán Medio y Tiwanaku necesita futura investigación. Las líneas de evidencia apuntando a tal interacción incluyen: (1) la importancia central de una deidad parada en posición frontal sosteniendo un báculo, un vaso, un cetro y/o estólica; (2) la relevancia de la producción de cobre arsenical; (3) la importancia de vasos rituales con bordes divergentes y bandas horizontales sobresalientes (keros); y (4) la coincidencia temporal (ca. 900-1100 d.C.) de las fases expansivas de tanto la cultura Sicán (fase Media) como de Tiwanaku (fases 4 y 5).

E. Conclusiones

Mediante una investigación interdisciplinaria sostenida en el tiempo y regional en alcance espacial, el PAS ha definido varias características y logros importantes de la cultura Sicán. Lejos de ser una cultura “epigonal” que meramente derivó de las aparentemente más ilustres culturas Wari y Tiwanaku (Uhle 1903), la cultura Sicán Medio fue una cultura altamente distintiva, compleja e influyente, y con hegemonía política e ideológica sobre una franja de 400 km de la costa peruana (Shimada 1995, 2000). En general, puede sostenerse con suficiente base que, en su tiempo, Sicán Medio fue la cultura más poderosa, influyente, y materialmente rica en el Perú. Se caracterizó por un arte religioso propio que fusionó aspectos seleccionados del arte Mochica y Wari en una nuevo arte, avanzadas tecnologías metalúrgicas y alfareras, una extensiva red de comercio y territorio, complejos sepulcros-templos monumentales de élite (culto al ancestro), y un estado teocrático sostenido por una economía altamente productiva a nivel regional e interregional. La red de comercio fue impresionante no sólo por su extensión física (ca. 200 y 1500 km de largo en los ejes este-oeste y norte-sur respectivamente), sino también por el rango de zonas medioambientales incluidas, la variedad de recursos explotados (sin mencionar las cantidades de estos recursos), y la rapidez con que esta red fue instaurada (quizás no más de cincuenta años). El establecimiento de esta esfera económica y la difusión de la ideología Sicán que se hallaba incorporada en sus objetos de metal y cerámica constituyen un “horizonte” arqueológico en el verdadero sentido del término. La gente Sicán Medio dejó tras de si sus inequívocos legados, incluyendo una tecnología de cobre arsenical que inauguró la edad del bronce en el norte del Perú.

(Para detalles o referencias citadas en el texto, véase “Lecturas Recomendadas”).